1-1-2020, 19:4 h. - ID. 104
k-ant NOARTISTA
Hola Mariano, hay muchos conceptos interesantes en tu reflexión.
"Locura, artistas sin galería y escritores sin editorial":
La locura, relacionada con el Arte y la comunicación, es uno de esos temas que me parece interesante tratar aquí. Nadie quiere que le llamen loco ni tachen sus obras o ideas de locura, pero como descalificativo que es se utiliza profusamente en nuestra sociedad para describir a quien se aparta de la norma, de lo convencional, de las cosas comúnmente aceptadas como ciertas y reales, cosas que (encima) van cambiando con el paso del tiempo y las modas. También depende de tu estatus, del poder que tengas y tus recursos económicos. Si eres un loco que quiere dominar el mundo, pero tienes grandes recursos económicos y poder, nadie te va a llamar loco, quizá visionario (tus adeptos) o megalómano (tus enemigos), pero siempre respetando tu imagen creada a base de inversiones y golpes de autoridad. Cuando no tienes recursos, ni una cuota de poder que repartir entre tus adeptos, pero sí algo que decir diferente de lo que todo el mundo espera que digas desde tu insignificancia (no te equivoques, sólo de la gente importante se espera escuchar cosas importantes, del resto de mortales sólo se espera que agachemos la cabeza y les riamos las gracias a los importantes) entonces tienes un problema, seguro te van a llamar loco por pretender ser quien no eres, o sea, decir cosas importantes siendo un don nadie (don nadie=loco).
No esperes que nadie te lo vaya a agradecer a menos que dispongas de cierta cuota de poder que repartir entre tus seguidores, sino lo tienes que te llamen loco es de las cosas más suaves que te van a llamar.
Yo, aunque he intentado timidamente comprar con mi escasa cuota de poder y recursos (amistades influyentes, mecenas, empresarios, etc..) mi lugar en el púlpito de los tipos geniales no lo he conseguido (o no me ha dado la gana de pagar el tributo) y por eso me tengo que quedar en el lado de los que no tienen poder para comprar su puesto entre la gente guay de este país, me tengo que quedar en el lado de los locos y de los que no tienen nada que decir (porque nadie nos va a escuchar).
La fórmula del éxito (y de las ideas y los tipos geniales) te la explico en mi libro “ERROR DE SISTEMA (Manual de NOARTISTA)”, como no quiero ofenderme demasiado a mí mismo llamándome loco me he comparado con un “error” dentro de un sistema (el sistema del éxito) en el que me considero una distorsión, más que nada porque tengo el loco propósito de intentar comunicar ideas en un sistema en el que las ideas están perfectamente repartidas y ocupadas, como explico en ese libro, si eres de las pocas personas que conozco que aceptan ideas de un loco (o un don nadie, que para el caso es lo mismo).
Hay más ideas que has apuntado y no quiero dejar pasar la ocasión de comentarlas. Has observado (acertadamente pienso yo) que si el medio se hace con el control del discurso del artista entonces este diálogo queda vacío a expensas de los intereses de los propietarios del medio. Intereses comerciales o ideológicos en algunos casos (no conozco ningún caso de nadie que defienda una ideología y que no tenga un interés concreto en que te la creas). Si consigues vender tus obras puede que alcances el éxito, pero no pidas a los medios que sustituyan el discurso que han utilizado para encumbrarte con tu discurso propio o diferente del que ellos han decidido para tu obra.
Yo opino que los discursos vendibles están todos decididos, son retóricos, no dicen nada comprometido ni te comprometen si los compras. Han sido cuidadosamente descontextualizados de cualquier reivindicación o compromiso que el artista haya tratado de incorporar a su obra (o escrito) mediante la descontextualización en espacios expositivos, exhibición en reportajes partidistas de la tele o catálogos y refritos actualizados al gusto de nuestro tiempo de clásicos de ayer y de hoy.
El catálogo de los discursos insulsos que tanto nos agradan es casi infinito, casi tanto como las formas verbales que saben utilizar los académicos para nombrar su propia excelencia dialéctica.
Yo no esperaría al futuro para contemplar a artistas y escritores hablando sólo consigo mismos, pues esa es la única posibilidad que nos ofrece esta comunicación que sólo existe para comunicar la nada a gigantescas masas de población ansiosas por descubrir nuevas formas de contemplar el vacío desafectado de cualquier compromiso.
Si tienes algo que comunicar estás perdido, a menos que aceptes bailar una estúpida danza de homenaje al vacío en honor a los dioses del verbo insulso, aunque también tienes alguna alternativa (pocas), quizá escribir en estos certámenes lo que piensas, aunque no te garantizo que nadie los lea, tampoco creo que podamos sacar un duro de aquí, a menos que algún avispado curador o comerciante de Arte descubra entre estas líneas material que convertir en dinero, eso tampoco nos garantiza que el discurso que se venda represente las ideas que aquí expresamos ni que seamos nosotros los que ganemos algún céntimo con su venta.
Ese discurso atípico, el de los locos, el de algunos artistas sin galería y el de los/as escritores cuyos textos no ha solicitado ninguna editorial, sí que tiene sentido para el propio artista, pero sólo cobra sentido para el público cuando alguien consigue convertir ese discurso en beneficio económico transformando eso que parecía un caos en la mente del artista en códigos de barras que puedan leer los lectores de tarjetas de los bancos, librerías, galerías y tiendas duty free del aeropuerto. Adjunto en este comentario mi obra titulada “Comerciante del caos” que representa esto mismo, aunque también dejo a la elección del galerista, que se anime a representarme, su significado a cambio de una suculenta comisión*.

*Dispongo también de más de 200 discursos, tan retóricos como vacíos, a elegir por los compradores de mis obras.